El mundo supera 1.5 °C por 23 meses consecutivos, un umbral histórico que hasta hace pocos años parecía imposible. El planeta lleva casi dos años seguidos con temperaturas globales por encima de 1.5 °C respecto a la era preindustrial. Lo que antes se consideraba un escenario extremo ahora se está convirtiendo en la nueva normalidad climática.
Los datos, confirmados por agencias meteorológicas internacionales, muestran que el calentamiento global ya no es un fenómeno futuro, sino una realidad que está reconfigurando ecosistemas, economías y patrones climáticos en tiempo real.
Un récord histórico: el mundo supera 1.5 °C por 23 meses consecutivos
El límite de 1.5 °C fue establecido en el Acuerdo de París como el umbral crítico para evitar daños irreversibles. Sin embargo, el mundo supera 1.5 °C por 23 meses consecutivos debido a:
- emisiones récord de gases de efecto invernadero,
- un evento El Niño excepcionalmente fuerte,
- retroalimentaciones climáticas que aceleran el calentamiento,
- pérdida de hielo marino en el Ártico y la Antártida.
Los científicos advierten que este patrón podría consolidarse, incluso si El Niño se debilita, porque el calentamiento estructural del planeta continúa aumentando.
Regiones más afectadas por casi dos años por encima de 1.5 °C
Los eventos extremos se vuelven más frecuentes, más intensos y más impredecibles:
- Europa: olas de calor invernales, incendios fuera de temporada y récords de temperatura en países nórdicos.
- América Latina: sequías históricas en la Amazonía, incendios en Colombia, Brasil y Bolivia, y estrés hídrico en los Andes.
- África: temperaturas extremas que superan los límites fisiológicos humanos en el Sahel y el Cuerno de África.
- Asia: olas de calor que alcanzan los 50 °C en India, Pakistán y el sudeste asiático.
Los expertos coinciden en que este periodo prolongado es un punto de no retorno, como el colapso de la Amazonía, el deshielo irreversible de Groenlandia o la liberación masiva de metano del permafrost.

¿Estamos preparados para esta nueva normalidad?
Los gobiernos y ciudades están comenzando a adaptar infraestructuras, pero el ritmo es lento frente a la velocidad del calentamiento. Entre los desafíos más urgentes:
- sistemas de alerta temprana para olas de calor,
- protección de cultivos y cadenas de suministro,
- gestión del agua en regiones con sequías prolongadas,
- fortalecimiento de redes eléctricas ante picos de demanda,
- políticas de salud pública para eventos extremos.
La ciencia es clara: la adaptación ya no es opcional.
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